domingo, 10 de abril de 2011

Los domingos y todos los días...

Como casi todos los domingos
Salgo al tianguis de la esquina y hago las compras.
Compro el pollo y las verduras, la carne para el asado.
Camino al fondo del mercado, pago por los chocolates,
peleo por el precio del queso y pruebo la tostada con crema.
Regreso, lavo los trastes, pruebo el café y enciendo la TV.
Cocino y leo.
Abro la botella de vino y pido la pizza sin vegetales.
Miro series o películas, me lamento del país,
bebo vino y me mareo. La tarde pasa en un tris.
La vida que no cambia. Pero tu no estas aquí.
Eso es lo que me falta, Tu presencia, tu sentir.
Todo parece igual. Pero ya nada es así.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Un cuate

Me lo presentaron  por casualidad sin preámbulos, sin formalidad, sin pretensiones. Y aún agradezco el detalle del buen amigo que lo hizo. Sin previo aviso comenzó la lectura del "Flecha" con ese particular acento de la costa colombiana, con ese ritmo y sabrosura en la lengua que definen a un personaje entrañable como es la creación de David Sánchez Juliao. Ahí, con esas palabras convertidas en música,  no solo conocí a un gran escritor y recreador del habla popular, sino también descubrí otro poco de Colombia.
Que placer escuchar esa forma de hablar, esas palabras nuevas para mí, esa forma de ver la vida, ese "tin, tin" con su "aja".  Que festejo fue saber que había algo más que me unía a esas tierras y que el "viejo deivi" me iba a acompañar por mi transito en ellas.
Que gloria descubrir la riqueza del habla popular escuchando la historia del buen "flecha" y al mismo tiempo de la escucha, pensar en los buenos amigos de esas latitudes que tenían ese mismo "cantadito" esa misma música al hablar "...erda, María Casquitos", que bien se siente uno cuando encuentra, de nuevo,  las coincidencias con la gente que se quiere (Carlitos, un recuerdo desde aquí).

Don David Sánchez Juliao, eso es lo que hace la literatura, el habla popular, hace que establezcamos lazos, que personas y personajes se vuelvan entrañables, necesarios, imperecederos en nuestra vida.
Y usted lo sabía,  por ello mi reconocimiento para usted, donde quiera que ande rescatando ese lenguaje popular y dicharachero.

"No le aunque que las academias no le hagan fiesta, si nomás con nosotros basta" 
QEPD "Viejo deivi"

martes, 11 de enero de 2011

OLORES

Mi madre pelaba las naranjas quitándole la cascara con un cuchillo. La cascara iba cayendo convertida en una serpentina larga y olorosa, era maravilloso ver como la naranja quedaba redonda y blanca (otra capa de piel quedaba adherida para que solo la quitáramos antes de comerla, así de exacta era la cirugía que mi madre aplicaba a las naranjas), mientras la larga tira, en curva permanente, aún se empeñaba en envolver la fruta perdida. 
Era un gozo ver esa destreza en las manos jóvenes, casi infantiles, de mi madre, quien luego brindaba esa maravilla de olor  a las manos golosas de su hijos que ya se peleaban, no por el fruto, sino por la piel de la naranja.