Te imagino caminando conmigo, con nuestras manos entrelazadas, tu cabeza reclinada en mi hombro y riéndonos de tonterías, (como el titulo de una vieja película mexicana: Del brazo y por la calle).
Me gusta tu sonrisa y tu cabello, me gusta como se entrecierran tus ojos cada vez que sonríes y como quedan enmarcados por tus cejas.
Me imagino tu olor y tu piel y el roce de tu brazo que me provoca mirarte y darme cuenta, por milésima ocasión, lo mucho que me gustas, no puedo dejar de mirar tu boca y tus mejillas, no puedo evitar el deseo por besarte, por decirte que te quiero, que me gusta estar a tu lado, que me siento bien contigo, que me haces feliz.
Lastima que solo es mi imaginación...
A la distancia, te quiero...
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Palabras...
A veces no escribo...
No escribo porque tengo tanto que decir, que las palabras se me apelmazan y los sentimientos se me enredan como nudo gorgiano y no se si estoy triste o tengo hambre, es algo complicado tener descompuesto el mecanismo de los sentimientos.
A veces las palabras afloran, surgen solas y se mantienen como "victoria regia" sobre el amazonas, imperturbables y hermosas, encajando perfectamente en el paisaje y siendo parte de él. Pero en otros momentos se resisten, no se acomodan, no se sienten bien, "se hace bolas el engrudo", como diría la abuela y nomás quedan ahí, una tras otra sin mayor gracia, sin mayor significación.
Sería tan lindo poder abrir el pecho, con pequeña puerta de por medio, y tomar lo que uno siente, agarrar esa cosa gelatinosa y verde que debe ser el sentimiento (cualquiera que este sea) y restregarlo sobre una hoja llena de palabras y que estas fueran tomando el orden y la poesía de lo que uno trae por dentro, sería más fácil, sería más rápido y tal vez menos doloroso.
Te necesito aquí a mi lado...
domingo, 14 de noviembre de 2010
COMO HUMO... (en revisión)
El reflejo escurre por su rostro.
Es como si la luna se ocupara de llenar los pliegues en la piel del viejo.
Las lluvias le traen recuerdos.
Como si cada marca de su piel, cada arruga, contuviera un momento de su vida. En su memoria ve, nítido todavía, cuando su Tata le hablaba con amor de la tierra que trabajaba.
-Anda con ella y platícale tus cosas, ella es como la madre: te cuida y da cobijo. Por eso hay que saber tratarla y trabajarla, cuidarla; sacarle la vida poco a poco, pa´no cansarla, decía el Tata.
Siempre esta a la espera.
Siempre en el quicio de la puerta, con la misma emoción, esperando que llegue, sabiendo que no vendrá. Desea que llegue y se lo lleve "de un buen vez", como decia por decir.
Los chamacos se acercan y piden les cuente algo. Lo hacen más por costumbre que por maldad. Él accede. Se apoya en un pretil, saca un cigarro de hoja y lo enciende parsimonioso, sin violencia.
-No alcancé a ser de los Dorados, pero ! ´ansi. ´ansi, me falto pa serlo! (mostraba comprimiendo los dedos) -Ya ´staba, pero... esta caricia no me dejo. (Y enseñaba una herida que recorría medio brazo e inutilizaba la mano) - Es la suerte de los pobres, suerte de uno...
Los chiquillos se apelmazan curiosos, aunque ya conocen de memoria los laberintos de piel en el brazo del viejo; ven atentos y respetuosos primero, mas si avanza el relato pierden interés. El viejo siempre termina contando la "promesa" que le hicieron: "Ya regresare por tí..." -!Y yo lo estaré esperando listo pa´ lo que guste y mande General!
Tanto lo esperó que empezó a envejecer.
El paso tenaz del tiempo diluyó sus fuerzas, cuarteo su piel, ya de por si reseca, como la tierra que nunca tuvo y solo soño; opaco su mirada y le tumbo la sonrisa.
Los chamacos se retiran llamados por sus padres o aburridos de las "necedades del viejo" como dicen sus madres. Alguno, casi siempre el mismo, espera que se vayan los mayores y va a traer la vetusta trompeta, robada al viejo tiempo antes.
-Antes había que "rifarsela" pa´ poder vivir; ser "respeto" con los mayores y con la autorida´ . Yo a los veinte ya andaba en la "bola" y andaba con Villa. Siempre con él.
-Balaceras de las buenas me llevé yo. Ahí no se andaba con jueguitos ole atoraba uno o ahí se quedaba. ...Villa era "gente", alebrestado si le picaban la cresta, pero bueno. El mismo me lo dijo: "No te apures, ya regreso por tí ´ora que te alivies. Lo de la mano no importa, ahí te queda la otra pa´ defender la causa. Tu nomás esperame".
Ta, ta, ta; ta, ta, ta. Ta, tara, ta, ta, ta, ta..., se escucha la trompeta.
Parece como si despertara, sobresaltado, permanece inmóvil, sintiendo un resquebrajamiento de huesos. Una imposible ansiedad de vivir.
Ta, ta, ta; ta, ta, ta; Ta, ra, ta, ta, ta, ta, ta ...
Se levanta trabajosamente, buscando con la vista, con la cara, con el cuerpo entero, la silueta ancha y maciza del "jefe". Aquel que prometio tierras y también... prometió volver. Escucha y busca la figura que entre por el frente de la vecindad ruinosa y se lo lleve de ahí, es lo único que oye: la trompeta. Que poco va convirtiéndose en ruidos diferentes, el golpeteo del cincel, del pico y de la pala; todo le duele por dentro, pero tiene que evitarlo, tiene que seguir ahí.
La trompeta cesa y estallan las carcajadas. El viejo se descubre de pie, trastabillante y con la vista fija en el portón. Los niños ríen escandalosamente y se amontonan a su alrededor para gritar: !Ahí viene, ahí viene! !Ya vino por uste´ viejo loco! Y se alejan corriendo.
El viejo rompe a llorar.
Al día siguiente, escucha el sonido de la trompeta, lejano y molesto.
-! Me lleva...! estos fregados otra vez moliendo...
Y lo aborchorna el recuerdo pasado. Va al buró descencijado, extrae la pistola vieja y oxidada por el desuso, la toma con la mano "buena" y busca con quien encararse.
No hay nadie.
La vecindad esta vacía. Grita, jura y perjura.
Nadie sale.
Había pasado la noche en vela y ahora pasaría más, buscando donde están los otros.
Las risas le dolían, pero lo acompañaban, ahora no están. Ahora no hay nadie.
-Este ruido que yo no sé de donde sale. Y recorre el patio con la vista, tratando de encontrar. -Aunque no haya nadie, no le aunque, aquí estoy. De aquí no me muevo, "no me voy". Gritó. El ruido aumentaba en su cabeza.
-!Él volverá...!
-!Viejo loco, lo van a volar con todo y vecindad!
Don Cuco, sintió el viento helado en la espalda y luego buscó incorporarse. Solo le dio tiempo de ver la figura de alguien que le decía: !Vamonós Cuco... ya vine por tí!.
Es como si la luna se ocupara de llenar los pliegues en la piel del viejo.
Las lluvias le traen recuerdos.
Como si cada marca de su piel, cada arruga, contuviera un momento de su vida. En su memoria ve, nítido todavía, cuando su Tata le hablaba con amor de la tierra que trabajaba.
-Anda con ella y platícale tus cosas, ella es como la madre: te cuida y da cobijo. Por eso hay que saber tratarla y trabajarla, cuidarla; sacarle la vida poco a poco, pa´no cansarla, decía el Tata.
Siempre esta a la espera.
Siempre en el quicio de la puerta, con la misma emoción, esperando que llegue, sabiendo que no vendrá. Desea que llegue y se lo lleve "de un buen vez", como decia por decir.
Los chamacos se acercan y piden les cuente algo. Lo hacen más por costumbre que por maldad. Él accede. Se apoya en un pretil, saca un cigarro de hoja y lo enciende parsimonioso, sin violencia.
-No alcancé a ser de los Dorados, pero ! ´ansi. ´ansi, me falto pa serlo! (mostraba comprimiendo los dedos) -Ya ´staba, pero... esta caricia no me dejo. (Y enseñaba una herida que recorría medio brazo e inutilizaba la mano) - Es la suerte de los pobres, suerte de uno...
Los chiquillos se apelmazan curiosos, aunque ya conocen de memoria los laberintos de piel en el brazo del viejo; ven atentos y respetuosos primero, mas si avanza el relato pierden interés. El viejo siempre termina contando la "promesa" que le hicieron: "Ya regresare por tí..." -!Y yo lo estaré esperando listo pa´ lo que guste y mande General!
Tanto lo esperó que empezó a envejecer.
El paso tenaz del tiempo diluyó sus fuerzas, cuarteo su piel, ya de por si reseca, como la tierra que nunca tuvo y solo soño; opaco su mirada y le tumbo la sonrisa.
Los chamacos se retiran llamados por sus padres o aburridos de las "necedades del viejo" como dicen sus madres. Alguno, casi siempre el mismo, espera que se vayan los mayores y va a traer la vetusta trompeta, robada al viejo tiempo antes.
-Antes había que "rifarsela" pa´ poder vivir; ser "respeto" con los mayores y con la autorida´ . Yo a los veinte ya andaba en la "bola" y andaba con Villa. Siempre con él.
-Balaceras de las buenas me llevé yo. Ahí no se andaba con jueguitos ole atoraba uno o ahí se quedaba. ...Villa era "gente", alebrestado si le picaban la cresta, pero bueno. El mismo me lo dijo: "No te apures, ya regreso por tí ´ora que te alivies. Lo de la mano no importa, ahí te queda la otra pa´ defender la causa. Tu nomás esperame".
Ta, ta, ta; ta, ta, ta. Ta, tara, ta, ta, ta, ta..., se escucha la trompeta.
Parece como si despertara, sobresaltado, permanece inmóvil, sintiendo un resquebrajamiento de huesos. Una imposible ansiedad de vivir.
Ta, ta, ta; ta, ta, ta; Ta, ra, ta, ta, ta, ta, ta ...
Se levanta trabajosamente, buscando con la vista, con la cara, con el cuerpo entero, la silueta ancha y maciza del "jefe". Aquel que prometio tierras y también... prometió volver. Escucha y busca la figura que entre por el frente de la vecindad ruinosa y se lo lleve de ahí, es lo único que oye: la trompeta. Que poco va convirtiéndose en ruidos diferentes, el golpeteo del cincel, del pico y de la pala; todo le duele por dentro, pero tiene que evitarlo, tiene que seguir ahí.
La trompeta cesa y estallan las carcajadas. El viejo se descubre de pie, trastabillante y con la vista fija en el portón. Los niños ríen escandalosamente y se amontonan a su alrededor para gritar: !Ahí viene, ahí viene! !Ya vino por uste´ viejo loco! Y se alejan corriendo.
El viejo rompe a llorar.
Al día siguiente, escucha el sonido de la trompeta, lejano y molesto.
-! Me lleva...! estos fregados otra vez moliendo...
Y lo aborchorna el recuerdo pasado. Va al buró descencijado, extrae la pistola vieja y oxidada por el desuso, la toma con la mano "buena" y busca con quien encararse.
No hay nadie.
La vecindad esta vacía. Grita, jura y perjura.
Nadie sale.
Había pasado la noche en vela y ahora pasaría más, buscando donde están los otros.
Las risas le dolían, pero lo acompañaban, ahora no están. Ahora no hay nadie.
-Este ruido que yo no sé de donde sale. Y recorre el patio con la vista, tratando de encontrar. -Aunque no haya nadie, no le aunque, aquí estoy. De aquí no me muevo, "no me voy". Gritó. El ruido aumentaba en su cabeza.
-!Él volverá...!
-!Viejo loco, lo van a volar con todo y vecindad!
Don Cuco, sintió el viento helado en la espalda y luego buscó incorporarse. Solo le dio tiempo de ver la figura de alguien que le decía: !Vamonós Cuco... ya vine por tí!.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Ayer dio su primer paso...
Sonido de estática, movimiento de dial…
Voz de mujer.-
Ayer dio su primer paso.
Yo estaba que me moría del miedo. Estaba gateando y se levanto solita agarrándose de la mesa, la hubieras visto, fruncía las cejas y los labios por el esfuerzo… y cuando estuvo paradita, se quedo viendo para el frente, donde esta el sofá. Estaba con la cara bien seria, hasta parecía enojada. Luego movió la cabecita para todos lados como si estuviera buscando algo, me vio mirándola, se me quedo viendo y me sonrió…
¿Sabes? Tiene la misma sonrisa que tú, mostrando todos los dientes, una sonrisa abierta como una rebanada de sandia, solo que a la niña se le hace un hoyito en la mejilla y es como si me mostrara unos granitos de maíz recién nacido.
Te digo que la niña volvió a mirar al frente, como midiendo el terreno, estaba de pie y se mecía suavecito, con todo el cuerpo y de repente… se soltó… movía las piernitas rapidito, rapidito y estiraba los brazos como si quisiera que llegaran antes que ella misma. Yo la veia como en cámara lenta, no sentía pasar el tiempo hasta que la vi agarrarse del sofá con las dos manitas, dio como un suspiro y volteo a verme con esa sonrisa que me recuerda a ti. Sus ojitos brillaban y parecía que me decía: llegue mamá, llegue…
Soy una tonta, se me salieron las lagrimas y no pude moverme, no atine sino a abrazarla mientras la besaba y de reojo veía tu retrato; el que puse en la sala desde el día en que “oficialmente” desapareciste.
A partir de ese día me hice el propósito de verte todos los días y de no dejar que fueras un desconocido para la niña. A cada rato la pongo frente a tu fotografía y hago que te mire, que te de besitos. Ella se te queda viendo y a veces se sonríe. Ahora como que quiere aprender a hablar, y entonces se pone a decirte cosas, mueve la boquita y hace ruiditos, pero lo hace tan seria que parece que te esta dando una queja o que te esta contando que la regañe o que hizo algo nuevo, como aprender a caminar…
Ahí es cuando más me duele tu ausencia, cuando más te extraño, cuando veo que la niña te necesita tanto o más que yo… te extraño.
La niña esta creciendo mucho, mucho y te quiere, estoy segura que te quiere aunque nunca te haya visto, aunque nunca te haya abrazado. Sé que cuando te vea se va a lanzar corriendo hacia ti para que la cargues y la llenes de besos. Que va a saber quien eres…
Todos los días le hablo de ti y de lo mucho que nos queremos, de cómo nos conocimos… de cómo te gusta leerme cosas en la noche y que seguramente cuando regreses le vas a leer también a ella para que se duerma.
Todas las noches le pido a Dios que regreses pronto… que un día toquen la puerta, yo abra, y estés ahí mirándome… como si el tiempo no hubiera pasado, como si nunca te hubieras ido, como si nunca te hubieran llevado de mí.
Cuídate mucho, no te desanimes, ni permitas que también se lleven lo único que nos queda: la dignidad y nuestro amor.
Te esperamos siempre.
Locutor.-
Gracias a nuestra radioescucha y esperamos que su mensaje llegue a su destino.
Esto es “Voces del secuestro”, un programa…
jueves, 11 de noviembre de 2010
RAICES EN EL AIRE
Un Viejo
Exterior de un cuarto de azotea en un edificio de la ciudad. Atardece. Sentado en un banco, con la espalda cargada y un temblor ligero en el brazo derecho, se encuentra un viejo. Mira fijamente un punto hacia el horizonte. Respira profundo pero con dificultad, dejando escuchar un sonido como de estertores. Cabecea, pero se despierta sobresaltado.
VIEJO: (Con abandono. Voz lenta y cansada.) Ya no soy el mismo de antes... lo sé... si pudiera dormir... si pudiera dormir... solo un poco. (Desesperado.) No puedo. (Cambia de postura. Resentido.) Todo se me fue en cuidar y dar. (Rebelde.) ¿Y yo qué? ¿Nomás serví pa`esto? No, si... no, si... (Intenta seguir hablando pero un acceso de tos se lo impide. Se recupera. Tocándose el pecho y la garganta.) Y esta bendita tos, sólo me dejará en paz cuando me muera. Aunque ya pa´qué. (Pausa. Saca un paliacate rojo, se suena estrepitosamente, lo guarda. Se reacomoda.) Si me dejaran cansar, hacer algo... pero me tienen como a niño chiquito, les da miedo que rompa algo. (Chasquea la boca. Intenta ponerse de pie. Se deja caer en su asiento. En tono neutro.) A ratos pienso y pienso. (Anhelante.) Si yo tuviera un pedacito de tierra; si pudiera sembrar una parcelita chiquita, aunque sea nomás pa`irla pasando; tener algo que cuidar; ver nacer, retoñar lo que uno sembró. (Se agacha con mucha dificultad, hace como si tomara un puño de tierra, la ve. Aprieta su puño tembloroso.) Tomarlo y ser parte de él, y cuando llegue la hora... cuando me toque, ya iré a estar con lo que verdaderamente es de uno: la tierra. (Abre el puño y hace como si dejara caer con lentitud la tierra.) Volver a ella... (Pausa. Decepcionado y más cansado) !Lástima! Ni modo, uno ya no cabe aquí, por más que le haga. (Con mucho cansancio, abandonado.) Si pudiera dormir... si pudiera dormir... sólo un poco...
(Cabecea. Su respiración se hace cada vez más difícil. Se escuchan sonidos de estertores, se dobla lentamente. Deja de respirar. Silencio. Oscuro)
Exterior de un cuarto de azotea en un edificio de la ciudad. Atardece. Sentado en un banco, con la espalda cargada y un temblor ligero en el brazo derecho, se encuentra un viejo. Mira fijamente un punto hacia el horizonte. Respira profundo pero con dificultad, dejando escuchar un sonido como de estertores. Cabecea, pero se despierta sobresaltado.
VIEJO: (Con abandono. Voz lenta y cansada.) Ya no soy el mismo de antes... lo sé... si pudiera dormir... si pudiera dormir... solo un poco. (Desesperado.) No puedo. (Cambia de postura. Resentido.) Todo se me fue en cuidar y dar. (Rebelde.) ¿Y yo qué? ¿Nomás serví pa`esto? No, si... no, si... (Intenta seguir hablando pero un acceso de tos se lo impide. Se recupera. Tocándose el pecho y la garganta.) Y esta bendita tos, sólo me dejará en paz cuando me muera. Aunque ya pa´qué. (Pausa. Saca un paliacate rojo, se suena estrepitosamente, lo guarda. Se reacomoda.) Si me dejaran cansar, hacer algo... pero me tienen como a niño chiquito, les da miedo que rompa algo. (Chasquea la boca. Intenta ponerse de pie. Se deja caer en su asiento. En tono neutro.) A ratos pienso y pienso. (Anhelante.) Si yo tuviera un pedacito de tierra; si pudiera sembrar una parcelita chiquita, aunque sea nomás pa`irla pasando; tener algo que cuidar; ver nacer, retoñar lo que uno sembró. (Se agacha con mucha dificultad, hace como si tomara un puño de tierra, la ve. Aprieta su puño tembloroso.) Tomarlo y ser parte de él, y cuando llegue la hora... cuando me toque, ya iré a estar con lo que verdaderamente es de uno: la tierra. (Abre el puño y hace como si dejara caer con lentitud la tierra.) Volver a ella... (Pausa. Decepcionado y más cansado) !Lástima! Ni modo, uno ya no cabe aquí, por más que le haga. (Con mucho cansancio, abandonado.) Si pudiera dormir... si pudiera dormir... sólo un poco...
(Cabecea. Su respiración se hace cada vez más difícil. Se escuchan sonidos de estertores, se dobla lentamente. Deja de respirar. Silencio. Oscuro)
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Como brotan los recuerdos...
Mi infancia la pase entre escuelas especiales y centro de educación especial (que en aquellos entonces se iniciaban y se ubicaban en lugares tan disímbolos como la colonia las Águilas o la Plaza del Estudiante, justamente arriba donde se aplicaba el Plan Tepito), acompañando a mi madre y a mis hermanos para que recibieran clases de lenguaje y de oralización. Confieso que me cansaba esa rutina de salir de la escuela a las 2 de la tarde (tiempos aquellos de clases de 8 a 2, con media hora de recreo) y correr a casa para dejar la mochila, embutirme lo que mi madre me diera y salir corriendo a tomar un "delfín", todo coordinado por la sufrida "jefa" quien agarrando de la mano a sus tres retoños se desplazaba por media ciudad y lograba llevar a su pequeña tribu a salvo, a recónditos sitios de la inmensa ciudad.
Yo me preguntaba que tenia que hacer en medio de esa vorágine y porque diablos no era como los otros niños que se podían quedar a jugar afuera de la escuela o en un campo cercano.
Crecí entre niños diferentes, con los cuales no conversaba, pues mientras ellos estaban en clase yo estaba sentado a un lado de mi madre y otras señoras escuchando sobre tejidos y estambres o formas practicas de hacer mole sin ensuciar demasiado la cocina.
No tenía las tardes para mi, sino para mis hermanos, con los cuales nunca me lleve muy bien que digamos. Era aburrido y cansado estar ahí de tarde en tarde, pero nunca pensé si a mi madre le gustaba, si a ella no le aburría. Nunca se lo pregunte.
Con el tiempo entendí que lo que hacía, no solo era por la responsabilidad para con sus hijos sordos, sino también por amor. Cosa sencilla.
Ayer recordé los rencores escondidos, por el "robo" a mis juegos, a mis tiempos, a mi infancia, lo recordé y entendí un poco más a mis padres. Ayer vi la cara morena, redonda, picara y sonriente de mi sobrina (que también es sorda), diciendome en ese lenguaje que se establece entre los familiares, que pronto regresaría a mi casa y que a escondidas de sus padres, traería un vídeo juego, para poder jugar conmigo, ya que yo no tenía uno.
El gesto (o los gestos y señas debería decir) me conmovió. No pude dejar de pensar en mi sobrina el resto del día, su sonrisa regresaba a cada rato y me hizo acercarme, creo yo, a entender lo que un padre puede sentir por su hijo... si bien Ruth, no es mi hija, el sentimiento que albergo por ella debe ser muy cercano a lo que mi madre sentía y que en los momentos de cansancio, que debieron ser muchos, la empujaba a seguir y no quejarse: simple y llano amor.
Gracias Frijol (Frijol es mi sobrina).
Yo me preguntaba que tenia que hacer en medio de esa vorágine y porque diablos no era como los otros niños que se podían quedar a jugar afuera de la escuela o en un campo cercano.
Crecí entre niños diferentes, con los cuales no conversaba, pues mientras ellos estaban en clase yo estaba sentado a un lado de mi madre y otras señoras escuchando sobre tejidos y estambres o formas practicas de hacer mole sin ensuciar demasiado la cocina.
No tenía las tardes para mi, sino para mis hermanos, con los cuales nunca me lleve muy bien que digamos. Era aburrido y cansado estar ahí de tarde en tarde, pero nunca pensé si a mi madre le gustaba, si a ella no le aburría. Nunca se lo pregunte.
Con el tiempo entendí que lo que hacía, no solo era por la responsabilidad para con sus hijos sordos, sino también por amor. Cosa sencilla.
Ayer recordé los rencores escondidos, por el "robo" a mis juegos, a mis tiempos, a mi infancia, lo recordé y entendí un poco más a mis padres. Ayer vi la cara morena, redonda, picara y sonriente de mi sobrina (que también es sorda), diciendome en ese lenguaje que se establece entre los familiares, que pronto regresaría a mi casa y que a escondidas de sus padres, traería un vídeo juego, para poder jugar conmigo, ya que yo no tenía uno.
El gesto (o los gestos y señas debería decir) me conmovió. No pude dejar de pensar en mi sobrina el resto del día, su sonrisa regresaba a cada rato y me hizo acercarme, creo yo, a entender lo que un padre puede sentir por su hijo... si bien Ruth, no es mi hija, el sentimiento que albergo por ella debe ser muy cercano a lo que mi madre sentía y que en los momentos de cansancio, que debieron ser muchos, la empujaba a seguir y no quejarse: simple y llano amor.
Gracias Frijol (Frijol es mi sobrina).
sábado, 6 de noviembre de 2010
!Hay tacos joven...!
Un taco puede ser de todo.
La tortilla recibe en su seno, casi cualquier alimento. Abraza y envuelve lo que le pongan, lo que le embarren (como una cariñosa madre que recibe a su hijo perdido con los brazos abiertos), y al recibir al visitante, se funde con él, para convertirse en taco.
Los hay, desde el básico de sal (engullido a las volandas en la fila de la tortillería), pasando por el de guisado (con relleno de acuerdo al gusto del comensal y a las existencias en la cocina) y el de pastor (sincretismo mágico de los árabes y mexicanos; que ya tomo carta de naturalización en estas tierras aztecas), hasta llegar al taco de bistec o de cecina (variantes con queso oaxaca, papas y nopales).
Y si nos seguimos por el terraplén de la gula, nos topamos con variantes impensadas, arriesgadas formas del barroco convertido en antojo... el clásico taco placero: de chicharrón, nopales y queso, placer de los domingos y pronta ayuda para las crudas; el de canasta: graso y relleno de frijol o chicharrón prensado (bañado en salsa verde, tomada directamente de un gigante frasco de mayonesa convertido en deposito de picores y cilantro picadito); el dorado: enrollado y frito, con pollo o barbacoa en su interior, patrio como el que más, con su crema y queso blanco fondeando el baño de salsa roja y verde.
Y ya no le sigo, porque empiezo a salivar y corro el riesgo de salir a buscar un taco de suadero, lengua, cabeza, nana, buche, oreja, tripa o maciza; de esos que venden en cualquier puesto a deshoras de la noche.
El taco es infinito.
Y señores, eso sí... los tacos no son esa cosa dura, que parece cartón en forma de media luna, como un totopo gigante y mal frito, mala interpretación "gringa" de nuestro platillo primigenio...
!!!Porque antes de todo fue el taco!!! y el taco es mexicano... tan, tan.
La tortilla recibe en su seno, casi cualquier alimento. Abraza y envuelve lo que le pongan, lo que le embarren (como una cariñosa madre que recibe a su hijo perdido con los brazos abiertos), y al recibir al visitante, se funde con él, para convertirse en taco.
Los hay, desde el básico de sal (engullido a las volandas en la fila de la tortillería), pasando por el de guisado (con relleno de acuerdo al gusto del comensal y a las existencias en la cocina) y el de pastor (sincretismo mágico de los árabes y mexicanos; que ya tomo carta de naturalización en estas tierras aztecas), hasta llegar al taco de bistec o de cecina (variantes con queso oaxaca, papas y nopales).
Y si nos seguimos por el terraplén de la gula, nos topamos con variantes impensadas, arriesgadas formas del barroco convertido en antojo... el clásico taco placero: de chicharrón, nopales y queso, placer de los domingos y pronta ayuda para las crudas; el de canasta: graso y relleno de frijol o chicharrón prensado (bañado en salsa verde, tomada directamente de un gigante frasco de mayonesa convertido en deposito de picores y cilantro picadito); el dorado: enrollado y frito, con pollo o barbacoa en su interior, patrio como el que más, con su crema y queso blanco fondeando el baño de salsa roja y verde.
Y ya no le sigo, porque empiezo a salivar y corro el riesgo de salir a buscar un taco de suadero, lengua, cabeza, nana, buche, oreja, tripa o maciza; de esos que venden en cualquier puesto a deshoras de la noche.
El taco es infinito.
Y señores, eso sí... los tacos no son esa cosa dura, que parece cartón en forma de media luna, como un totopo gigante y mal frito, mala interpretación "gringa" de nuestro platillo primigenio...
!!!Porque antes de todo fue el taco!!! y el taco es mexicano... tan, tan.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Con el frío...
Con el frío... no dan ganas de hacer nada o casí nada.
Nomás se quiere uno estar cubriendo con cobijas y más cobijas, acurrucadito en su cama. Gozando de la suavidad del colchón y de la caricia del cobertor, así, en posición fetal (como provocando el reencuentro con nuestro origen, con la cavidad materna).
Uno quisiera pasarse así la vida comprobando, que la temperatura ideal, es la que produce nuestro propio cuerpo y que la vida no es tan mala después de todo, que las cosas se ven mejor desde nuestro castillo de cobertores y franelas.
A mi en lo particular, en este gesto heroico de gestarme nuevamente entre edredones, me hace falta una cosa: entrepiernarme.
Me gusta el frío... si tengo la suerte de estar en mi casa con una fémina al lado, con una mujer que no sufra de reumas y que tenga bonitas piernas; no me importa si tiene los pies fríos, pero si que guste de meter su pierna entre las mías...
Ya sea de frente o de "cucharita, poder sentir entre mis piernas, la pierna suave, tibia y desnuda de una mujer.
Poder acariciar una rotunda cadera que se convierte en carnoso muslo y me susurra a la mano.
Sentir entre mis piernas la pierna que me activa el deseo...
No sé esos países del norte, esos europeos, como no sufren de sobrepoblación y se la viven quejando del frío, si es tan rico estar entrepiernados, arrunchados (como dicen los colombianos), pasar la tarde acariciando ese cuerpo ajeno que es a la vez el propio, dejando una estela de humores en la recamara, paladeando la saliva de la otra y sintiendo que la vida ha valido la pena por ese instante cuando uno se ve reflejado en los ojos del otro cuando llega el orgasmo.
MEXICANIZAR...
Conozco Colombia, vivi ahí por tres años y me parece un país hermoso y lleno de potencial, pero también afectado por décadas de violencia, de narcotráfico, de corrupción... que sin embargo parece salir adelante, dejando atrás (pero no olvidando), las épocas de sangre y muerte.
Desde hace mucho "colombianizar", se convirtio en un termino peyorativo, para señalar que las cosas en algún lugar iban mal, que la violencia y el narcotráfico iban en aumento.
Hoy y desde hace muchos días (podríamos juntarlos y convertirlos en un par de años), reviso las noticias en diversos medios y no doy crédito al numero de muertes, al grado de violencia que día con día aumenta en este mi país: México. No hay noticias nuevas, son repeticiones de lo mismo, pero con diferentes participantes; en esencia es la misma noticia repetida infinidad de veces.
No se necesita ser un genio para darse cuenta que las cosas están mal, que la crisis nos esta ahogando cada vez más, que las muertes, provocadas por la violencia, se están convirtiendo en el pan de todos los días, que los niveles de corrupción y descaro de nuestro políticos va en aumento, que la credibilidad en las instituciones mengua cada vez que algún funcionario (ir)responsable abre la boca, que el narco se esta apoderando del país (si es que no esta apoderado desde hace sexenios)... y eso duele.
Duele porque no hay honestidad en nuestros políticos para aceptar que las cosas están mal y que se van a poner peor.
Duele porque no ven o no quieren ver que la "guerra" contra el narco no es cosa pasajera, sino que llega para quedarse, porque a diferencia de nuestros políticos, los narcos si saben lo que quieren y tienen claros los medios para lograrlo, ellos si hacen honor a Maquiavelo en eso de que "el fin justifica los medios"
Duele que no haya la visión de nuestra clase política, para ir solucionando y previniendo lo que esta sembrado (extraña paradoja filosoficaagricolaenervante) y ya va floreciendo, cada vez con más fuerza.
Duele que teniendo un país hermano que ha sufrido la misma enfermedad, no parezca que se acercan a él, para aprender y aplicar tácticas y estrategias que nos ayuden.
Duele porque no quieren reconocer los síntomas de una enfermedad que invalida a la sociedad y la va matando poco a poco.
Desde hace mucho "colombianizar", se convirtio en un termino peyorativo, para señalar que las cosas en algún lugar iban mal, que la violencia y el narcotráfico iban en aumento.
Hoy y desde hace muchos días (podríamos juntarlos y convertirlos en un par de años), reviso las noticias en diversos medios y no doy crédito al numero de muertes, al grado de violencia que día con día aumenta en este mi país: México. No hay noticias nuevas, son repeticiones de lo mismo, pero con diferentes participantes; en esencia es la misma noticia repetida infinidad de veces.
No se necesita ser un genio para darse cuenta que las cosas están mal, que la crisis nos esta ahogando cada vez más, que las muertes, provocadas por la violencia, se están convirtiendo en el pan de todos los días, que los niveles de corrupción y descaro de nuestro políticos va en aumento, que la credibilidad en las instituciones mengua cada vez que algún funcionario (ir)responsable abre la boca, que el narco se esta apoderando del país (si es que no esta apoderado desde hace sexenios)... y eso duele.
Duele porque no hay honestidad en nuestros políticos para aceptar que las cosas están mal y que se van a poner peor.
Duele porque no ven o no quieren ver que la "guerra" contra el narco no es cosa pasajera, sino que llega para quedarse, porque a diferencia de nuestros políticos, los narcos si saben lo que quieren y tienen claros los medios para lograrlo, ellos si hacen honor a Maquiavelo en eso de que "el fin justifica los medios"
Duele que no haya la visión de nuestra clase política, para ir solucionando y previniendo lo que esta sembrado (extraña paradoja filosoficaagricolaenervante) y ya va floreciendo, cada vez con más fuerza.
Duele que teniendo un país hermano que ha sufrido la misma enfermedad, no parezca que se acercan a él, para aprender y aplicar tácticas y estrategias que nos ayuden.
Duele porque no quieren reconocer los síntomas de una enfermedad que invalida a la sociedad y la va matando poco a poco.
Duele porque en este país todo se conjuga para mal: El narco, la corrupción, los malos políticos (¿es que hay alguno bueno todavía?), la miseria, la falta de educación...
Duele porque la clase política se la pasa negando que nos estamos acercando y a veces superando y con mucho a Colombia en materia de violencia y muerte (es verdad, que no nos estamos "colombianizando", es peor la cosa: nos estamos "mexicanizando".
martes, 2 de noviembre de 2010
HAY MUERTOS QUE NO HACEN RUIDO...
!!!Gooooooooooood Mooorniiiiiing....... Mexicaltlalpan de la tunas!!!.
!!!Trancmitiendo (en honor a Carlos, mi querido y entrañable amigo), en vivo y en directo desde algún lugar de mi dañada infancia!!!
Hoy es día de muertos en este mágico y casi calavera país; hoy festejamos y convivimos con todos aquellos, que como Cantinflas, parece que ya se fueron, pero no se han ido.
Bonita costumbre tenemos de invocar a la muerte.
Sabemos que la tenemos dentro y a veces nos da por sacarla, por mostrar a la huesuda que todos llevamos dentro, pintarnos de calaca nomás porque no podemos arrancarnos la de hueso, la de verdad, y sacarla a orear de vez en cuando, de vez en cada año.
Ahí andamos barriendo y echandole agua a la tumba de nuestros muertos, poniendole velas, pensando en como se vera más bonita y hablando con el difunto:
-!Si vieras que bonita esta la niña, Cuco! Lili, la trae con sus trenzas como la traían a ella y salío bien prietita, en eso se parece a ti...
Retacamos la loza de dos por un metro cuadrado de cempaxochitl (que nombre tan bonito carajo!!! que lengua maravillosa la de los nahuas "veinte flores" significa), comprado a las carreras en el mercado de jamaica (otra vez una flor), luego de regatear un rato con la marchante que ya le subio a la flor...
Le ponemos color a la muerte, coloreamos el panteón a partir de nuestra tumba y nos acordamos de lo "bueno que era" nuestro fiel difunto.
Convertimos la pesada loza (no se lo vayan a llevar) en una tumba-mesa, donde le ponemos el "molito" que tanto le gustaba y su arroz colorado con sus tortillitas, sin faltar su fruta: jicamas, caña, cacahuate, camote, calabaza,etc; su pan de muerto (con harta azucar sobre los huesos que lo adornan) y también su botellita de tequila o de mezcal.
Le invitamos un taquito, le surtimos su vasito de agua pa que no sufra la deshidratación en su estancia eterna, allá en el más allá, mientras nosotros nos morimos de sed en el más acá.
Le lloramos y le ponemos su música preferida, mientras le damos el primer llegue a la botella preparada ex-profeso (pa que el dolor sea menos, pa que el recuerdo sea menos llegador), nos quebramos en pasitos cachetones nomás pa mostrar la alegria, pa decirle al mundo que los que se fueron no se han ido, que están aquí con nosotros, que no los olvidamos. Y que este día que les dan permiso para venir a visitarnos, para rellenar el tanque e irse comidos y bebidos de regreso a su tumba fría, pero bien saciados pa aguantar un año en su cama de piedra, que este día, nosotros nos morimos con ellos. Nos morimos de contento por su regreso, porque ellos tampoco nos olvidan, porque no cambian de deudos, porque siguen provocando en nosotros recuerdos muertos que nos hacen vivir. Esos muertos no hacen ruido... nomás nos hacen vivir.
Le organizamos el guateque que seguro a él le hubiera gustado
!!!Trancmitiendo (en honor a Carlos, mi querido y entrañable amigo), en vivo y en directo desde algún lugar de mi dañada infancia!!!
Hoy es día de muertos en este mágico y casi calavera país; hoy festejamos y convivimos con todos aquellos, que como Cantinflas, parece que ya se fueron, pero no se han ido.
Bonita costumbre tenemos de invocar a la muerte.
Sabemos que la tenemos dentro y a veces nos da por sacarla, por mostrar a la huesuda que todos llevamos dentro, pintarnos de calaca nomás porque no podemos arrancarnos la de hueso, la de verdad, y sacarla a orear de vez en cuando, de vez en cada año.
Ahí andamos barriendo y echandole agua a la tumba de nuestros muertos, poniendole velas, pensando en como se vera más bonita y hablando con el difunto:
-!Si vieras que bonita esta la niña, Cuco! Lili, la trae con sus trenzas como la traían a ella y salío bien prietita, en eso se parece a ti...
Retacamos la loza de dos por un metro cuadrado de cempaxochitl (que nombre tan bonito carajo!!! que lengua maravillosa la de los nahuas "veinte flores" significa), comprado a las carreras en el mercado de jamaica (otra vez una flor), luego de regatear un rato con la marchante que ya le subio a la flor...
Le ponemos color a la muerte, coloreamos el panteón a partir de nuestra tumba y nos acordamos de lo "bueno que era" nuestro fiel difunto.
Convertimos la pesada loza (no se lo vayan a llevar) en una tumba-mesa, donde le ponemos el "molito" que tanto le gustaba y su arroz colorado con sus tortillitas, sin faltar su fruta: jicamas, caña, cacahuate, camote, calabaza,etc; su pan de muerto (con harta azucar sobre los huesos que lo adornan) y también su botellita de tequila o de mezcal.
Le invitamos un taquito, le surtimos su vasito de agua pa que no sufra la deshidratación en su estancia eterna, allá en el más allá, mientras nosotros nos morimos de sed en el más acá.
Le lloramos y le ponemos su música preferida, mientras le damos el primer llegue a la botella preparada ex-profeso (pa que el dolor sea menos, pa que el recuerdo sea menos llegador), nos quebramos en pasitos cachetones nomás pa mostrar la alegria, pa decirle al mundo que los que se fueron no se han ido, que están aquí con nosotros, que no los olvidamos. Y que este día que les dan permiso para venir a visitarnos, para rellenar el tanque e irse comidos y bebidos de regreso a su tumba fría, pero bien saciados pa aguantar un año en su cama de piedra, que este día, nosotros nos morimos con ellos. Nos morimos de contento por su regreso, porque ellos tampoco nos olvidan, porque no cambian de deudos, porque siguen provocando en nosotros recuerdos muertos que nos hacen vivir. Esos muertos no hacen ruido... nomás nos hacen vivir.
Le organizamos el guateque que seguro a él le hubiera gustado
Cantandole a los gatos...
Siempre he querido transmitir desde una lejana estación de radio.
Poder, a cualquier hora, encender el sistema, enviar la señal y decir lo que se me venga en gana. Gritar poesía, decir tonterías, criticar a mi vecino, sicoanalizarmealaire, hablar de lo que no sé, inventar mi historia y cantarle a los gatos. Hoy, si bien, no estoy en la cabina radial, intentare por vez primera decir lo que se me venga en gana.
Espero de vez en cuando tener algun invitado y escribir al alimon las locuras que se nos ocurran...
Seguiremos informando...
Poder, a cualquier hora, encender el sistema, enviar la señal y decir lo que se me venga en gana. Gritar poesía, decir tonterías, criticar a mi vecino, sicoanalizarmealaire, hablar de lo que no sé, inventar mi historia y cantarle a los gatos. Hoy, si bien, no estoy en la cabina radial, intentare por vez primera decir lo que se me venga en gana.
Espero de vez en cuando tener algun invitado y escribir al alimon las locuras que se nos ocurran...
Seguiremos informando...
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