El reflejo escurre por su rostro.
Es como si la luna se ocupara de llenar los pliegues en la piel del viejo.
Las lluvias le traen recuerdos.
Como si cada marca de su piel, cada arruga, contuviera un momento de su vida. En su memoria ve, nítido todavía, cuando su Tata le hablaba con amor de la tierra que trabajaba.
-Anda con ella y platícale tus cosas, ella es como la madre: te cuida y da cobijo. Por eso hay que saber tratarla y trabajarla, cuidarla; sacarle la vida poco a poco, pa´no cansarla, decía el Tata.
Siempre esta a la espera.
Siempre en el quicio de la puerta, con la misma emoción, esperando que llegue, sabiendo que no vendrá. Desea que llegue y se lo lleve "de un buen vez", como decia por decir.
Los chamacos se acercan y piden les cuente algo. Lo hacen más por costumbre que por maldad. Él accede. Se apoya en un pretil, saca un cigarro de hoja y lo enciende parsimonioso, sin violencia.
-No alcancé a ser de los Dorados, pero ! ´ansi. ´ansi, me falto pa serlo! (mostraba comprimiendo los dedos) -Ya ´staba, pero... esta caricia no me dejo. (Y enseñaba una herida que recorría medio brazo e inutilizaba la mano) - Es la suerte de los pobres, suerte de uno...
Los chiquillos se apelmazan curiosos, aunque ya conocen de memoria los laberintos de piel en el brazo del viejo; ven atentos y respetuosos primero, mas si avanza el relato pierden interés. El viejo siempre termina contando la "promesa" que le hicieron: "Ya regresare por tí..." -!Y yo lo estaré esperando listo pa´ lo que guste y mande General!
Tanto lo esperó que empezó a envejecer.
El paso tenaz del tiempo diluyó sus fuerzas, cuarteo su piel, ya de por si reseca, como la tierra que nunca tuvo y solo soño; opaco su mirada y le tumbo la sonrisa.
Los chamacos se retiran llamados por sus padres o aburridos de las "necedades del viejo" como dicen sus madres. Alguno, casi siempre el mismo, espera que se vayan los mayores y va a traer la vetusta trompeta, robada al viejo tiempo antes.
-Antes había que "rifarsela" pa´ poder vivir; ser "respeto" con los mayores y con la autorida´ . Yo a los veinte ya andaba en la "bola" y andaba con Villa. Siempre con él.
-Balaceras de las buenas me llevé yo. Ahí no se andaba con jueguitos ole atoraba uno o ahí se quedaba. ...Villa era "gente", alebrestado si le picaban la cresta, pero bueno. El mismo me lo dijo: "No te apures, ya regreso por tí ´ora que te alivies. Lo de la mano no importa, ahí te queda la otra pa´ defender la causa. Tu nomás esperame".
Ta, ta, ta; ta, ta, ta. Ta, tara, ta, ta, ta, ta..., se escucha la trompeta.
Parece como si despertara, sobresaltado, permanece inmóvil, sintiendo un resquebrajamiento de huesos. Una imposible ansiedad de vivir.
Ta, ta, ta; ta, ta, ta; Ta, ra, ta, ta, ta, ta, ta ...
Se levanta trabajosamente, buscando con la vista, con la cara, con el cuerpo entero, la silueta ancha y maciza del "jefe". Aquel que prometio tierras y también... prometió volver. Escucha y busca la figura que entre por el frente de la vecindad ruinosa y se lo lleve de ahí, es lo único que oye: la trompeta. Que poco va convirtiéndose en ruidos diferentes, el golpeteo del cincel, del pico y de la pala; todo le duele por dentro, pero tiene que evitarlo, tiene que seguir ahí.
La trompeta cesa y estallan las carcajadas. El viejo se descubre de pie, trastabillante y con la vista fija en el portón. Los niños ríen escandalosamente y se amontonan a su alrededor para gritar: !Ahí viene, ahí viene! !Ya vino por uste´ viejo loco! Y se alejan corriendo.
El viejo rompe a llorar.
Al día siguiente, escucha el sonido de la trompeta, lejano y molesto.
-! Me lleva...! estos fregados otra vez moliendo...
Y lo aborchorna el recuerdo pasado. Va al buró descencijado, extrae la pistola vieja y oxidada por el desuso, la toma con la mano "buena" y busca con quien encararse.
No hay nadie.
La vecindad esta vacía. Grita, jura y perjura.
Nadie sale.
Había pasado la noche en vela y ahora pasaría más, buscando donde están los otros.
Las risas le dolían, pero lo acompañaban, ahora no están. Ahora no hay nadie.
-Este ruido que yo no sé de donde sale. Y recorre el patio con la vista, tratando de encontrar. -Aunque no haya nadie, no le aunque, aquí estoy. De aquí no me muevo, "no me voy". Gritó. El ruido aumentaba en su cabeza.
-!Él volverá...!
-!Viejo loco, lo van a volar con todo y vecindad!
Don Cuco, sintió el viento helado en la espalda y luego buscó incorporarse. Solo le dio tiempo de ver la figura de alguien que le decía: !Vamonós Cuco... ya vine por tí!.
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